HISTORIA

Finca Vandama Fotografia Terreno Viñedos

RAÍCES EN LA TIERRA VOLCÁNICA

La historia de Finca Vandama está profundamente ligada a la tierra que la rodea. Ubicada a los pies de la majestuosa Caldera de Bandama, esta finca comenzó siendo un lugar dedicado al cultivo de uva que se vendía en los mercados de Gran Canaria. No fue hasta finales de los años 50 cuando se tomó la decisión de transformar esas uvas —principalmente Listán Negro, Listán Blanco y Moscatel— en vino. Esta decisión marcó un antes y un después, dando inicio a una nueva etapa donde el paisaje volcánico, el clima atlántico y la tradición agrícola se unirían para dar vida a una bodega única en su entorno.
Finca Vandama Fotografia Propietario

UN NOMBRE CON HISTORIA

El nombre “Vandama” no es una simple casualidad. Al momento de embotellar el primer vino, se buscó una denominación que honrara tanto al entorno natural como al legado humano de la zona. Así surgió la fusión entre Bandama, el volcán que domina el paisaje, y Van Dame, un mercader flamenco del siglo XVI oriundo de Amberes que se estableció en Gran Canaria. Daniel Van Dame adquirió la Hacienda de la Caldera, muy cerca de nuestra finca, y su presencia quedó registrada en la historia local. Con el tiempo, el nombre Vandama —con “V”, como lo usaba el erudito José de Viera y Clavijo en el siglo XVIII— se convirtió en símbolo de identidad y respeto por nuestras raíces.

Finca Vandama Fotografia Barril Botellas

TRADICIÓN & EVOLUCIÓN EN CADA COSECHA

Desde entonces, generación tras generación, hemos cultivado estas tierras con el mismo respeto por la naturaleza y por el oficio del vino. A lo largo de los años, hemos aprendido a interpretar nuestro terroir volcánico, a respetar el ritmo de las cepas y a dejar que cada cosecha cuente su propia historia. Finca Vandama no solo representa una finca vitivinícola: es una manera de entender el territorio, de honrar la memoria del pasado y de construir un futuro sostenible, donde cada botella sea testimonio de un lugar irrepetible. La historia continúa, y se renueva cada vez que alguien descubre el alma volcánica de nuestros vinos.